Nuestros minutos, horas y días son valiosos. Sin embargo, muchas veces se nos escapan en distracciones, en observar la vida de otros, en desear lo que no tenemos y en consumir sin medida. Los días pasan rápidamente, y apenas notamos cuánto tiempo hemos dejado ir.
La Escritura dice: “No se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír” (Eclesiastés 1:8). Siempre parece haber algo más que mirar, algo más que escuchar, algo más que consumir. Pero nada de eso logra satisfacer la sed profunda del alma.
Pasamos horas frente a la tecnología, llenando nuestros ojos y nuestra mente, mientras nuestro corazón sigue necesitando a Dios. Sin darnos cuenta, la vida avanza, las oportunidades pasan y el tiempo no regresa.
Es tiempo de reaccionar y de accionar espiritualmente. Es tiempo de dejar la idolatría de mirar, desear y consumir constantemente. Necesitamos volver a Dios, volver al silencio, volver a la Palabra y a la oración. Necesitamos llenar nuestra alma con aquello que realmente satisface.
No necesitamos más contenido; necesitamos más obediencia. No necesitamos ver más; necesitamos hacer más. Es tiempo de vivir lo que ya sabemos. ♡